Los gallegos de mi infancia

 En 2019 cumplí el deseo de conocer Galicia. A pesar que mis orígenes son vascos y bien vascos!!, sentía necesidad de conocerla, como un homenaje a tantos gallegos inmigrantes con quienes compartí mi infancia y juventud.

Como los personajes de chiste gallego, llegué a Santiago de Compostela, comenzando por donde culmina el Camino de Santiago, rutas que hace siglos se han usado para peregrinar hasta la ciudad del Apóstol.

A muy temprana hora partí para el casco histórico. Sentí que estaba cientos de años atrás mientras que lentamente los peregrinantes comenzaron a colmar sus callecitas y plazas, a pie, a caballo, en bicicleta cumpliendo más que una promesa, una aventura.  A pesar del gentío, inexplicablemente se vivía un ambiente de espiritualidad, no de religiosidad, me atrevo a decir, de profunda gratitud.

Por hermosos paisajes fui llegando a Vigo, La Coruña, Lugo. Desfilaban ante mi vista casas de piedra antiquísimas en laderas verdes, con follaje intenso. Mi ansiedad aumentaba por conocer las tan famosas rías gallegas pues solo viéndolas podría entender lo que se dice de ellas: ” esos largos brazos de mar que penetran en la tierra, son la huella de los dedos de Dios que, después de crear el mundo, apoyó aquí su mano para descansar”

Rías altas, rías bajas se aparecen para saciar mi curiosidad. No solo las vi, sino que también navegué por una de ellas y entre bateas, donde se cultiva el mejillón, los saboreé y disfruté. Rodeada de enormes bateas donde crece el mejillón desde 1946 en Arosa, hoy hay 3300 y se sacan alrededor de 300.000 toneladas del delicioso marisco.

Terminada estos días rodeada de las bellezas gallegas, necesite imaginarme el caos, el dolor y la pobreza en que se encontrarían los hijos de esta hermosa tierra después de la Guerra Civil española. Esa migración es la generación con quien conviví, el almacenero, el chofer , el guarda, la modista, el dueño del bar, el portero del edificio. De ellos recibíamos ejemplo de trabajo, de honestidad, de sencillez y de afectuoso servicio, siempre acompañados por relatos de su tierra y sus tradiciones.

Y me dolió el pecho saber lo que dejaron y agradecí ese ejemplo y su contribución a formar parte de nuestra identidad. Gracias gallegos de mi vida.