AMIGOS, DIVINO TESORO!!!!!!
Parafraseando el dicho: “Juventud, divino tesoro”, elegí este título porque vivo el presente como un regalo y aunque pasando las décadas perdemos calidad de vida física, nos convertimos en jóvenes de espíritu y con mayor sabiduría y tiempo para el disfrute.
Los amigos no dependen de los años, ni del lugar, ni de los achaques. Es un tesoro que conservamos, y como el vino, mejora su calidad con los años y momentos compartidos. Es una época que mantenemos los amigos de la infancia con mayor aceptación y aquellos otros que fueron apareciendo durante nuestro camino, son solamente los que en realidad queremos que estén en nuestra vida. Ya pasó la época de los amigos de momento, de circunstancias, de conveniencia, de causalidad, de viajes, etc.
En los dos últimos meses del 2018, recibí en casa amigos de diferentes etapas pero con el denominador común de sentirlos parte de mis afectos. Me gusta hospedarlos, mimarlos con ricos platos, pasearlos por mi país de adopción, intentando que lo vean más allá de la mirada turística sino que valoren su identidad cultural e histórica.
En agosto llegó mi amiga del alma, Adriana, compañeras de escuela y de toda la vida. Mientras yo formaba una familia numerosa, ella programaba su vida para mantener nuestro contacto con visitas a la playa y su presencia en todos los acontecimientos de mi familia. Con ella organizamos un viaje al Chaco paraguayo y a Bonito, Matto Grosso del Sul, para disfrutar de la naturaleza y de estos hermosos y atípicos lugares. Recorrimos 1.800 km de locuras, conversaciones profundas y silencios. Compartimos avistamiento de aves, animales lugareños, paisajes hermosos, navegatas, snorking, etc.
A los pocos días de irse llegaron un grupo de uruguayos que venían a asistir a un evento en el interior y se hospedaron en casa durante los pocos días asuncenos. Gente linda, afectuosa y respetuosa que llenaron mis horas con relatos, poesía y declamaciones. Edgardo y Adriana han sido un reciente regalo de la vida pero que me han brindado afecto y apoyo desde el primer momento.
Por último llegaron Anita y Charito, otras dos compañeras de escuela que de una manera u otra fuimos regando esta flor de la amistad que hoy más que nunca da sus frutos. Días de independencia de maridos, para ellas y de goce total para mí. Paseamos, hicimos compras, tomamos sol, se dedicaron a no hacer nada mientras yo me deleitaba al verlas hacer “nada”. En realidad nos disfrutamos, pero lo mejor que hicimos, fue reírnos de nosotras mismas, recordar situaciones vividas y llegar a la conclusión que tenerlos es lo mejor que nos puede pasar.
Dar y recibir, entregarse, fomentar, estar presente, en una palabra mantener este tesoro.
Gracias por vuestras visitas y vuestro cariño!!!!!!!