SEÑALES NIPONAS

Cuando mi hermanita falleció mi padre, ante la fatal desolación intentó distraernos con la reforma de la casa. Algo así como darle otro rostro a la ausencia siempre presente de Margarita. Fue así que mi hermana menor y yo inauguramos dormitorio, que compartimos hasta que me casé.

Recuerdo al mueblero de origen polaco que no solo hizo,  sino que también habrá diseñado nuestro nuevo mobiliario. No había ambiente para esos detalles… Buena madera, excelente fabricación, un modelo de actualidad- en su momento- pero tan robusto y sin gracia como su diseñador .Ni las tapas de mármol de cómoda y mesa de luz doble lo hacían elegante.

Entre las dos camas, en la pared colgaba un grabado japonés, según lo que he leído, correspondería al Período Muromachi del siglo XIV. Cabe aclarar que en los años 60 no era común el arte asiático pero allí estuvo durante toda mi niñez. No sé exactamente como llegó a mi casa pero supongo que nuestra vecina lindera a casa, amante del arte,  habrá visto la necesidad de “vestir” de alguna manera esa enorme pared vacía.

En la otra pared colgaba una repisa, de la misma madera que los muebles, con estantes de vidrio donde yo atesoraba mi colección de miniaturas de porcelana y cristal. Ostentosamente se destacaban dos muñecas pequeñas de japonesas con atuendo y peinado típico. Me enamoraban sus rostros de porcelana blanco, sus facciones delicadas y finamente maquilladas, sus vestuarios de seda con hilos dorados, sus cabellos negros envolviendo un raro peinado, sus minúsculos zapatos de madera.

Hoy en día estamos inundados de artículos asiáticos pero no sólo no era común, y las piezas que  existían eran extremadamente caras, generalmente antigüedades que no estarían al alcance de mis padres. No recuerdo bien pero fue en una de las grandes tiendas que tuvieron fama en Montevideo que las ví y seguro habré rogado que mi padre me las comprara.

Tenemos algo Japón y yo…. porque cuando compro mi paquete a Indochina me ofrecen cuatro días a Japón, destino poco usual y allí me voy con el mismo asombro y curiosidad con que me producen estos recuerdos de infancia.