OCCIDENTE VERSUS ORIENTE?

He cumplido otro sueño. Me he paseado por parte de Oriente, especialmente, Vietnam, sumado a la olvidada Camboya, la turística Tailandia y a Japón lo visité como quien dice un ratito.( tres días para un país para entender…)

Este no es un blog de viajes como muchos,  por lo tanto, no es de mi interés transmitir mi experiencia desde esa perspectiva, pero sí, compartir algunas de las reflexiones que produjo mi estancia por esos lares.

Los seres humanos siempre estamos juzgando, para bien y para mal; hacemos juicios a partir de nuestra cultura, formación, educación y muchos otros aspectos. La mayoría de las veces emitimos juicios de las otras personas sin siquiera ponernos en su situación.

Oriente me asombró, me sobrepasó, no meramente en mis expectativas; simplemente sentí que mentalmente me faltaba espacio intelectual y emocional para poder asimilar un mundo tan diferente, su forma de ver la vida, su trascendencia al más allá, su respeto a las tradiciones, etc.

La pregunta más importante que me hago es qué parámetro utilizamos para sentir que pertenecemos al  avanzado, desarrollado y progresista Occidente. Porque es innegable que hay cierto sentido de superioridad en menoscabo de Oriente.

Japón me mostró el progreso, orden y disciplina de millones de personas que viven en una isla y por otro lado Vietnam y Camboya, muestran su pobreza, desorden vial y derechos por adquirir, como un trabajo digno y bien pago, mejor educación y salud.  Tailandia, la “niña bonita” de la zona, organizada y progresista que ya ha cumplido los treinta años de turismo y ha aprendido a crecer, sigue siendo un lugar famoso por el turismo sexual y a la vista de todos.

Las costumbres sociales parecen, al menos en algunos casos, casi medievales, por ejemplo la dote en Camboya la entrega el padre de la hija. Nuestro guía de 27 años recibió de su suegro 10.500 dólares en un país en donde el sueldo mínimo es 65 al mes. En contrapartida existe un gran respeto y valoración de la flia, sus costumbres y tradiciones, valores que en occidente se han perdido o están en vías de que suceda.

En Japón existe una población de ancianos desproporcionada con respecto a nacimientos e hijos por familia, pero siguen siendo valorados y tenidos en cuenta, al punto que en setiembre se festeja el Día de respeto a los ancianos. Los occidentales no sólo no los valoramos sino que en gran medida los olvidamos.

En cuanto a la religión, tienen un gran respeto y fé en sus creencias que ni se compara con lo que sucede por estos lugares. Para entrar a los templos, aunque sean ruinas, existe un control a la entrada, de la vestimenta que llevan los turistas, hombros cubiertos, faldas o pantalones bajo la rodilla y nada de transparencias ni jeans rasgados. En nuestras iglesias los turistas entran casi desnudos, no respetan la presencia de Jesús en el Santísimo, etc. En la mayoría de los casos la fe se remite a acontecimientos más relacionados a lo social que a lo sacramental.

Me pregunto si el progreso tiene que ser a costilla de los valores. Quizás pudiéramos cambiar el “versus” por la conjunción “y” para que ambas partes del planeta se complementen y colaboren para vivir en un mundo mejor.