LAS RUINAS DE ANGKOR, CAMBOYA

La primera vez que fui a Encarnación, al poco tiempo de llegar a estas tierras guaraníes (1980) mi intención era conocer las Ruinas Jesuíticas. Cual fue mi sorpresa cuando me encontré  frente a una cantidad de piedras  desparramadas entre pastizales altos, es decir, con demasiadas ruinas. La desilusión se apoderó de mí y luego comencé a sentir cierta indignación ante tanto olvido y falta de reconocimiento y valor de ese trozo de historia que nos pertenece a todos los habitantes de esta zona. Hoy en día es un regalo a la humanidad y una muestra de respeto a la historia.

Les mentiría si les cuento, que fue mucho más fuerte estar frente a las ruinas de Angkor en Camboya, en especial las de Angkor Wat. Obviamente me basaba en fotos muy hermosas y turísticas. Pero no por ello mi admiración fue menor.

 Me enfrenté a ruinas de templos y una ciudad, donde se calculan, llegaron a vivir alrededor de setecientas cincuenta mil personas y  se ha demostrado, que además de tener una increíble belleza arquitectónica,  ha sido una maravilla de la ingeniería hidráulica que por motivos desconocidos, aunque hay muchas teorías, fue abandonada en su mayor esplendor y al igual que las demás de la zona, fueron presa de la naturaleza.

No podía creer que no estuvieran en plena faena de reconstrucción y restauración, no sabía que si sacaban las gigantes raíces de sus muros y edificios todo se caería abajo, no entendía qué pasaba con ese pueblo que teniendo joyas de esa magnitud, apenas podían llevar turistas…

Tuve que cambiar mi chip cultural y mental para poder comprender este pueblo. Sólo su historia pudo aclararme la situación y reconocer el penoso y lamentable proceso histórico de este pueblo que supo ser una sociedad poderosa y de avanzada.

Camboya vivió en sus comienzos momentos prósperos y culminaron con el gran imperio de Angkor, sin rival en la región durante cuatro siglos de dominio. A partir del s. XIII sus vecinos trataron tenazmente de minar el territorio camboyano. A fines del siglo XIX fueron ocupados por los franceses. En el siglo XX, la situación se volvió realmente difícil. Los japoneses invadieron después de la Segunda Guerra Mundial. En 1970 tropas estadounidenses y survietnamitas invadieron Camboya con la intención de aniquilar a miles de soldados del Vietcong, que utilizaban el país como base en su lucha por acabar con el Gobierno de Vietnam del Sur. Las últimas décadas del siglo pasado, incluyendo la invasión de Vietman, vivieron una brutal guerra civil que culminó con el Gobierno genocida de los jemeres rojos, que costó la vida de dos a tres millones de camboyanos.

En el 2002 se celebraron las primeras elecciones locales de Camboya para elegir a los representantes de los pueblos y las comunas, lo que supuso un paso importante para asentar la democracia. A pesar de que desde 1993 se celebraban elecciones generales, el Partido Comunista Camboyano lidera consecutivamente el poder.

La corrupción del partido ha hecho millonarios a los funcionarios del gobierno que se asocian a los capitales chinos y en un estado comunista la población no cuenta ni con los servicios mínimos para cubrir educación y salud. La pobreza te golpea la vista y los niños “te acosan” con venderte artesanías y productos nacionales por “un dolal”.

Después de ser testigo de esta realidad, las ruinas dejaron de ser ruinas y los rostros de los camboyanos llenaron mi alma y mi mente.