TAILANDIA, EL PAIS DE LA SONRISA
Tailandia es el único país del Sudeste Asiático que nunca ha sido colonizado por una potencia europea. La sucesión de hábiles gobernantes, quienes demostraron una enorme capacidad para utilizar en su beneficio la rivalidad existente en la zona entre Francia y el Reino Unido, hicieron que Tailandia funcionaran como estado tapón entre las colonias francesas de Indochina con la India y Birmania, en poder del Imperio Británico.
Este hecho sumado al enorme turismo que recibe desde hace treinta años, me hace llamarla “la niña bonita” de Indochina. Como dato les cuento que Tailandia recibió a más de 28,8 millones de visitantes internacionales de enero a octubre de 2017 y crece la cifra progresivamente por año.
Tailandia que significa, “Tierra de la Libertad” es también conocida por la “Tierra de las sonrisas” y hacen honor a ese nombre. Siempre que te dirigen la mirada, se sonríen y al saludarte juntan las manos como plegaria, bajando la cabeza con delicadeza. Transmiten paz, son muy atentos y serviciales. Su religión, que viven con fervor, es el budismo y por lo tanto tratan de vivir acorde a sus preceptos.
No han sufrido invasiones, pero sí varios golpes de estado en las últimas décadas, que no han perjudicado, ni afectado los hermosos templos con los Budas más increíbles en tamaño y calidad. Nos sorprenden templos magníficamente adornados en porcelana, cristales y piedras preciosas y muchos de ellos cubiertos totalmente de oro.
Tailandia también es famosa por sus playas. No puedo dar mayor testimonio dado que únicamente visitamos una isla frente a la ciudad de Pattaya. Aguas turquesas, tranquilas y calientes nos sorprendieron en comparación a nuestro frío mar.
Pero como en toda historia, existe el lado oscuro: el famoso turismo sexual en este hermoso país. Prostitución hubo y habrá, pero aquí es un mercado ofrecido con naturalidad en las calles, saunas y hoteles. Se calcula que entre un 6 a un 10 por ciento de los ingresos del turismo provienen de esta área. Se ve en las calles las chicas en exposición y en los hoteles me tocó personalmente encontrarme con chicas muy jóvenes, producidas y sensuales en los ascensores.
Una sensación de falta de días para disfrutar sus playas, sus mercados, su excelente gastronomía, me invadió en el momento de la despedida pero a esta altura de mi vida solo doy gracias por lo vivido y compartido.