La crisis vista desde la oportunidad

Más de uno estará transitando la tercera o segunda quincena de “quedarse en casa” y aunque hemos tratado de tener una rutina diaria, sentimos que estamos en una etapa muy diferente. El miedo nos ayudó a paralizarnos, a resguardarnos, pero vemos que pasan los días y confirmamos que esto recién empieza. Incluso en los países del mundo desarrollado que no tomaron las precauciones en su momento hoy se encuentran desbordados.

Pienso que superado el estado de alerta que nos ayudó a encerrarnos, comenzará una etapa más reflexiva. El dolor es un misterio, que el ser humano ha querido descifrar sin éxito, muchas veces nos preguntamos por qué suceden las cosas, pero lo único que podemos es tratar de desentrañar el sentido que pueda darle a esa situación.

La reflexión nos conduce a una etapa de aprendizaje en búsqueda de dar sentido al dolor, a lo inexplicable, a lo inentendible. Nos pasa que ya no deseamos recibir, ni leer más información del C19, son datos que están fuera de nosotros y ya los conocemos. Buscamos respuestas en nuestro interior que den sentido a esta guerra globalizada, que además de real,  no es convencional. Y comenzamos   a ser más solidarios, a pensar en los que están en primera línea, en las flias de los enfermos y en sus pérdidas, a colaborar haciendo lo que debemos y lo que podemos, incluso a denunciar a quienes no cumplen las reglas.

Pero para que esto tenga sentido tiene que darse un crecimiento en cada uno de nosotros y en la sociedad en general. Una vez leí que crisis es sinónimo de oportunidad. Estamos ante una de las más importantes que podamos elegir, elegir entre la vida o las cosas, entre correr para ganar más y estar menos, en darle cosas a los hijos y no nuestro tiempo y paciencia. Elegir entre lo principal ante lo secundario, lo urgente de lo importante, lo necesario de lo superfluo.

Si después de pasar esta tormenta no salimos mejores personas, ni aprendimos a querer mejor a los demás, nos habremos contaminado de un mal que no podremos combatir, que nunca tendrá vacuna, ni medicación.