No fueron los años, fue una simple llamada.
Los nietos ya no iban al cole, ni a la guardería, pero sus padres seguían con su ritmo laboral, por lo tanto, ante los riesgos del famoso C19-ya ni lo quiero nombrar- me dediqué a sacarlos a pasear: a la plaza, a la casa de un primito, al “bosque” de mi barrio, etc. evitando todo contacto con otras personas.
La situación comenzó a agravarse o, más bien, comenzamos a comprender una realidad que nos sorprendió a todos. China estaba tan lejos, y son tantos los chinitos que recién ahora nos dimos cuenta el sentido de la globalización.
El viernes de esa primera semana no hice ningún plan con los niños y me preparaba para organizar el almuerzo familiar del domingo, ya que somos nada más y nada menos que veinte: Abu, hijos y nietos, cuando recibo una llamada de mi hijo mayor.
Con tono cariñoso pero firme me comunica que los hermanos decidieron pedirme que me quedara en casa para resguardarme de un posible contagio y por estar en la edad de riesgo, no vería ni a hijos ni nietos y mis necesidades básicas se harían por delivery o por alguno de ellos.
Obvio que acepté el pedido, aunque no me quedaba opción, pero poco a poco me fue cayendo la ficha….De pronto me sentí anciana pero confundida porque no tuve tiempo de envejecer.
Hasta ayer era la Abu loca que los corre por el jardín, que se cruza con las nietas mientras camina con los mismos I pod que ellas, que corre olas en la playa, que habla de las bandas roqueras de su época, de las minifaldas. Las que comparte las locuras de sus viajes: llegar a la cima de Machu Pichu sola, subir a un elefante en Vietnam, perderse en plena Toscana hasta que un granjero la llevo a su hotel, andar por el mundo no importa si sola o acompañada…La Abu que hace pilates, dieta sana y viste a la moda, con prendas coloridas, maquillada, que anda en jeans, shorts….
Pasaban las horas, los primeros días y una sensación de que me iba desdibujando se apoderaba de mí. No era tristeza ni miedo, era algo que no podía explicar, como si me hubiera hecho vieja de golpe, algo así como esos programas que te muestran como serás dentro de unas décadas.
Tranquilos!!!, reaccioné y me miré al espejo. Vi que seguía viéndome igual por fuera y por dentro, reflexioné mucho, hasta llegar a la conclusión que mi problema es el desfasaje entre mis años y mi entusiasmo por vivir. Por lo tanto seguiré con onda esta guerra contra el virus para continuar con mis locuras muy pronto.